Soy el Alfa

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Pug on a couch

En serio, si soy el alfa; el problema es que mis cachorros, no lo creen por más que se los digo.

La llegada de un nuevo perro a casa, después de la agradable emoción que nos causa abrazarlo, cuidarlo y jugar con él, implica muchas complicaciones que tenemos que tomar en cuenta, para una sana convivencia con nuestros pequeños amigos.

Se supone que como alfa que somos, debemos enseñarles buenas costumbres desde el principio, y esto es muy fácil decirlo, pero realmente es una ardua tarea que requiere de mucha paciencia y conciencia, de que, esos pequeños son extremadamente seductores y nos hacen consentirlos de más (y ese consentimiento genera que muchas veces ellos hacen lo que quieren y no, lo que nosotros queremos).

Recuerdo cuando me compre mi primera perra. En mi casa nunca habíamos tenido perro y yo siempre había querido tener uno; así que con mi primer sueldo a los 17 años les dije a mis padres que compraría un perro y ellos accedieron al ver que yo me haría cargo de los gastos, de que tuviéramos un pequeño perro.

Después de estar viendo varias opciones, en una veterinaria me encontré a una hermosa perrita gran danés arlequín gris que en cuanto me acerqué se puso muy contenta y que, por más que quiera decirles que yo la escogí la verdad es que ella me escogió a mí.

En casa esperaban un pequeño perro y no supe cómo sacarlos de su error; cómo iba a ser un pequeño perro y por sus manchitas, mi padre decidió ponerle “Chispa”, ¿se imaginan, una gran danés llamada Chispa.?

Perdón, pero recordando a mis perros siempre divago y lo que les quería contar es de cuando Chispa se subía a los sillones; se estiraba tan rico y estaba tan grande que ocupaba todo el lugar, cuando cualquiera de la familia llegaba y la quería quitar, gruñía ferozmente y todos se asustaban y me llamaban para que yo la bajara, entonces iba con actitud segura y firme a decirle a Chispa, yo soy el alfa y tienes que hacer lo que yo diga, pero a mí también me gruñía ferozmente y me asustaba (no se rían, era mi primer perro).

En la familia especulaban que era un perro malo y que nos estaba desconociendo, pero pronto aprendí que no nos estaba desconociendo ni agrediendo, sino simplemente nos estaba diciendo
– ya me acomodé aquí y estoy muy a gusto, no me molesten –

Y eso era porque no le establecimos límites de lo que podía hacer o no hacer, es decir no establecimos un liderazgo sobre ella.

Con esto quiero decirles, que siempre que tengamos un nuevo perro, lo primero que tenemos que hacer es determinar los límites de lo que puede y no hacer, le tenemos que asignar su lugar de descanso, así como donde debe hacer sus necesidades.

Y esto lo tenemos que hacer con paciencia, pero con firmeza para que ellos entiendan lo que queremos.
Nosotros los humanos conocemos una parte importante de nuestro mundo a través de las manos, los perros lo hacen a través de su hocico, siempre van a estar explorando su entorno con el hocico, por lo que tenemos que ser muy cuidadosos de las cosas que están a su alcance y pueden morder.

Ya sea porque sean peligrosas para ellos, como cables eléctricos o sustancias peligrosas, o porque dañen alguna cosa que sea importante para nosotros (mis tenis nuevos de piel todavía me duelen).

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