Lecciones de vida que aprendí de mis perros

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Podría pensarse que las cosas que importan de esta vida se aprenden en los libros, en los salones de clases, es más, con la experiencia; pero saben, déjenme decirles que también se aprende observando.

Bien, creo que es difícil que me creas, y es algo que suelo decirles mucho a mis hijos, aunque ellos siempre terminan haciendo las cosas que les digo que no hagan; supongo que las personas somos una rara especie que necesita experimentar las cosas, para aprender esas lecciones.
Pero a estas alturas de la vida estoy convencido, a mis cincuenta años, que no se necesita cometer un error para aprender de esa experiencia, y muchas veces en esta vida, podemos escuchar los consejos de los demás y aprender, ahora, lo más extraordinario, es que también podemos aprender observando.

Y ahora puedo decir que mis perros me han enseñado mucho a lo largo de muchas décadas.

Lecciones de vida que aprendí de mis perros

No te fijes en la apariencia de un amigo
Esta es una lección que nos dicen mucho, “la apariencia engaña” y que nunca deberíamos fijarnos en cómo es un amigo; y con mis perros aprendí que la amistad más valiosa de este mundo puede estar escondida en maneras que no imaginamos.

Siempre hay que ser fieles y leales
Parece algo también obvio, pero en la práctica descubrí que el amor y la lealtad puede ser condicionada, por eso es importante siempre recordar que la lealtad es el valor más importante de este mundo.

Hay que ser pacientes
No hay mayor lección que pueda enseñar un canino, que la paciencia, y solo hay que ver a estos nobles animales, esperar, esperar, y esperar con paciencia todos los días a sus dueños para darles un amor incondicional.

Hay que respetar el orden y la estructura
Sonará a que soy algo anacrónico, pero en verdad respetar la estructura jerarquía y los roles de tu sociedad, será algo muy útil.

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