La vida secreta de las mascotas

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¿Quién dice que la vida de un perro no puede ser más interesante que la de muchos seres humanos? Pocos perros he conocido con una vida tan complicada como la del incomprendido NIP que Doña Cindy y sus dos pubertas hijas criaron como a un verdadero hijo y que se convirtió en la única figura masculina de su muy femenina familia.

Producto de la cruza entre un dálmata y algún ejemplar de rasgos no muy bien definidos, sus dueñas siempre lo vieron como un dálmata legítimo. No hubo argumento alguno que pusiera en duda la “pureza” de su raza, ni sus orejas bien paradas ni el pelo largo ni el descomunal tamaño que alcanzó.

Nunca tuve la curiosidad de preguntar el origen de su nombre; quizá alguna fijación crediticia, no lo sé.

El Nip fue más que un perro querido, el pilar de sus vidas por el cual pasaron una serie interminable de incongruencias.

Como cualquier cachorro, tuvo una infancia intensa, tan intensa que Doña Cindy y sus hijas tuvieron que buscar otro lugar dónde vivir. Los vecinos del condominio donde vivían protestaban en contra de la presencia del perro y reprobaban la fascinación del perro por utilizar la piscina comunal.  Así pues, el Nip llegó a la clínica debiéndose quedar en pensión por el tiempo que tardaran en vender su casa y adquirir otra propiedad en la cual pudieran tenerlo. Convivir con el Nip fue verdaderamente una odisea pues era tan desobediente como fuerte. Lo visitaban con frecuencia y, en ocasiones, las demostraciones de afecto del perro acababan con alguna de sus dueñas severamente lastimada. Como tenía el pelo largo, se nos pedía que se le rapara con frecuencia, digo, para que se viera “más dálmata”, el problema es que había que aplicarle un fuerte sedante para lograrlo, pues era imposible que el perro se dejara.

Durante la estancia del Nip, sus dueñas atravesaron algunas crisis económicas. Un día querían venderlo, a la semana siguiente lo querían regalar y a la otra semana lo adoraban y sentían culpa de haber pensado en deshacerse de él. Su cuenta se hizo tan grande que cuando ya consiguieron dónde vivir tuvieron que empeñar algunas pertenencias para poder sacarlo de la pensión.

El Nip se fue a su nueva casa, la cual quedó destrozada en poco menos de un mes. Acabó con el jardín, mordió al plomero, al electricista y a cuanto ente masculino osara atravesar SU territorio. Tenía su propia recámara con un balconcito.

Trataron de buscarle novia poniendo anuncios en varios periódicos sin obtener resultado debido a que ningún dueño de una perra dálmata en sus cinco sentidos hubiera dejado cruzar a su perra con ese descomunal perrote de manchas negras y orejas paradas. Decidieron entonces comprarle una cachorrita dálmata, obviamente, la cual duró lo que dura un respiro porque el Nip en un arranque de efusividad la dejó sin aire.

Pasó un tiempo para ver al Nip entrar por la clínica caminando por última vez. Sus dueñas habían decidido irse a vivir al extranjero y como buena abogada, doña Cindy sabía que el Nip le traería un sinnúmero de problemas en algún otro país. Nunca lo quisieron o supieron educar y era tan fuerte que era imposible que alguien lo quisiera adoptar. Decidieron ponerlo a dormir, no sin antes raparlo para que hiciera su viaje al mas allá como el perro que siempre quisieron que fuera……un dálmata.

Ya que no tenían contemplado qué hacer con el cuerpo de su entrañable amigo, lo cargaron durante dos días en la cajuela de un taxi mientras decidían qué hacer con él, sin pensar que los cuerpos después de un tiempo, se descomponen. Pasó por sus cabezas enterrarlo, incinerarlo y hasta disecarlo para ponerlo de guardián en la sala de su extranjera casa.

Ningún taxidermista quiso hacer el trabajo con el pobre Nip por el estado de descomposición en que se encontraba, así que mejor lo llevaron a incinerar. Doña Cindy y sus hijas se fueron antes de que les entregaran las cenizas del NIP. Las cenizas se mandaron por mensajería dentro de una caja de cartón hasta su nuevo hogar, pero por alguna razón la caja se abrió en el camino y no llegaron todas. Parte del NIP seguramente viajará por todo el mundo, lo cual me llena de felicidad… ¡Era un buen perrito!

M.V.Z. Karin Vomend Álvarez

 

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